Introducción

por Antonio M.

El juego, como compañero inseparable del ser humano a lo largo de su existencia, ha sido utilizado ampliamente en la enseñanza. Los juegos en sí mismos, poseen un gran potencial educativo que ha sido aprovechado por profesores y padres para fomentar en los alumnos e hijos ciertas actitudes. Como no podía ser de otro modo, en educación ambiental, educación para la salud, seguridad vial, etc., se ha recurrido al juego para conseguir en los alumnos los resultados deseados en estas materias transversales. A lo largo de las siguientes páginas se presentan de forma resumida y concisa los juegos de simulación.

La obra Toward a Theory of Instruction de Bruner (1966) fue crucial para motivar a los educadores a realizar actividades de simulación como medio para la promoción del aprendizaje por descubrimiento (Boocock y Schild, 1968). Algunas de las actividades que se suelen realizar con juegos de simulación, están basadas en eventos posibles, como cuando los estudiantes de Ciencias de la Educación son divididos en grupos que representan varios intereses en un supuesto proceso de evaluación de centros y son invitados a proponer y buscar apoyo para sus recomendaciones. Otras son juegos donde los equipos compiten para cumplir algún objetivo más rápido o mejor que sus rivales, sin que por ello el contenido tenga que estar referido a ninguna acción que se pueda dar en la realidad.

Los estudiantes suelen responder con entusiasmo a las simulaciones, aunque ello no signifca que se demuestre un avance igual de intenso en el rendimiento académico. En este sentido, las simulaciones más útiles parecen ser aquellas que incluyen oportunidades de procesamiento de información. En resumen, las evaluaciones de los juegos de simulación indican efectos pequeños pero positivos en el aprendizaje y la motivación de los estudiantes.

Tradicionalmente los juegos de simulación han sido incluidos en una concepción de la educación que enfatiza no tanto los contenidos como los procesos. Parten de la premisa de que aprender por la experiencia produce mejores resultados (Sureda, 1990) y en este sentido son de destacar los juegos de simulación puesto que permiten experimentar las consecuencias de las propias acciones desarrollando la capacidad de aprendizaje del individuo. De hecho, las simulaciones suelen reproducir situaciones acontecidas o que aún no habiendo ocurrido podrían darse; constituyendo en cualquier caso, un problema a resolver ante el cual los participantes, una vez delimitados los roles que configuran la situación, deben tomar las decisiones que consideren oportunas desde el papel que les ha tocado asumir.

Por otra parte, las soluciones al problema planteado en las simulaciones no suponen consecuencias negativas para los participantes. Por lo tanto, los coordinadores de los juegos recurren a ellos (entre otros muchos motivos) como medio para que el participante consiga interiorizar y vivir el problema en todas sus dimensiones, sin que se arriesgue innecesariamente.

Los juegos de simulación. sociodramas o role playing permiten ponerse en lugar del otro, representando un incidente social, y adoptar las actitudes, intereses y relaciones sociales de la situación representada, máxime si ésta implica algún tipo de conflicto moral (Bolivar, 1995). Dentro del objetivo de la educación moral, los sociodramas tienen la función de estimar el grado en que los alumnos aplican los principios morales aprendidos en la interacciones sociales, de modo inmediato, directo o espontáneo. La capacidad de empatizar se integra dentro de la actividad como elemento básico para lograr los fines últimos de los juegos. El role playing es uno de los métodos específicos de educación moral, en la medida que supone pensar desde un punto de vista ajeno, obligando a empatizar con sus sentimientos, facilitando el paso del egocentrismo inicial a la descentración en el niño o la niña según la perspectiva de Piaget, o el paso a estadios convencionales desde el enfoque de Kohlberg (Bolivar, 1995). De este modo, al tiempo que posibilita una metodología activa, se pone en juego un conjunto de habilidades que permiten evaluar el grado de desarrollo de los alumnos. Como señala Martín (1991: 114):

“el role playing consiste en dramatizar, a través del diálogo y la improvisación, una situación que presente un conflicto con transcendencia moral, es decir, que el problema que se plantee sea abierto y dé lugar a posibles interpretaciones y soluciones. La presencia de distintos personajes permite introducir puntos de vista diversos y lecturas diferentes ante el mismo suceso”.

El desarrollo cognitivo, la realización personal, la socialización, etc., todo parece que es posible en las simulaciones. Afirmar esto sería una exageración puesto que no se dispone de una base empírica lo suficientemente sólida como para conocer las posibilidades reales de las simulaciones.

Este manual pretende ayudar al lector a utilizar las simulaciones con un máximo de rendimiento asegurado. Para ello, el texto se divide en dos partes bien diferenciadas. En la primera, los tres primeros capítulos ofrecen un planteamiento general de la situación de los juegos de simulación, conceptos básicos y un marco teórico general de referencia. Una segunda parte presenta diversas formas de construir, desarrollar y evaluar juegos de simulación. El valor psicopedagógico de las actividades medioambientales es valorado a lo largo del capítulo 7, incluyendo aspectos de la educación formal y no formal. El último capítulo presenta tres juegos que sirven como ilustración de lo comentado a lo largo del manual.

Anuncios